"No todo oro reluce, ni toda la gente errante anda perdida." J. R. R. Tolkien
Quizá pequeños nos hallamos en la mitad de un salón escuchando conceptos como "Siglo XXI", "Mundo globalizado", "Derechos humanos", "Terrorismo", "Crecimiento económico", "Desempleo", "Políticas públicas", "Crisis económica". Al final esta serie de anuncios, que en ocasiones creemos se desarrollan fuera de nosotros, recorren muchas esferas (nacional, local, familiar) hasta llegar a nuestro propio sentido personal. En cierta forma se nos pide que tomemos partido en todo esto, muchas veces nos dejan ver cierto tipo de opciones (en ciertos grupos humanos pueden convertirse en imposiciones): tener un trabajo, construir una familia, hacer dinero, comprar tantas cantidades de algún producto o artefacto, profesar cierta religión y abrazar ciertos gustos, mientras tenemos la posibilidad de vivir. Desde luego, las opciones que se revelan en las sociedades cambian con las culturas y pueden tomar cualquier forma (política hasta gastronómica), lo que hay detrás de todo esto es una super-estructura que conforma el mundo y que se le abre a cada vida naciente.
Y así, esas puertas son abiertas por diferentes motivaciones o comportamientos interiorizados: hay quienes llanamente e infortunadamente luchan por sobrevivir y su motivación central reside allí, otros se acoplan a las opciones naturalmente (pues ven con más claridad lo que quieren ser a futuro con los recursos que le son dados en su vida y sociedad), otros omiten algunos de esos puntos y otros más alteran ciertos aspectos con confianza en su propio camino pues tienen intuiciones o han llegado a nuevas conclusiones sobre aquello que quieren para sí que no les dice su medio inmediato. Pero muchos posiblemente estemos en baja sintonía con lo que queremos ser, existe cierta dificultad para ponderar lo que nos lleva a nuestro crecimiento y nuestras elecciones pueden llegar al punto de mecerse en el azar.
Hay que considerar dos cosas importantes. La primera consiste si hay un principio universal para validar lo que queremos: ¿está mal si quiero ser carpintero artesanal y no industrial, solo por el placer de hacer las cosas con mis propias manos o porque así quiero conservar mi oficio, aunque no gane mucho dinero?, ¿Está mal si quiero ser CEO de una empresa textil de nivel internacional, por el deseo de liderar procesos grandes y hacer parte del comercio internacional y tener considerables ganancias? La respuesta a estas dos preguntas me parece que es la misma. Hay ciertas tendencias personales que se asoman a nuestra conciencia y que juzgamos rápidamente, o que pueden ser cercenadas por nuestro medio inmediato (situación económica, familia, cultura, temores personales).
Desde esta perspectiva estos anhelos del ser tienen toda validez porque nacen de nosotros mismos, es lo que somos, lo que queremos ser. Sin embargo, todas las acciones que se desencadenan por esta idea particular de ser, repercuten en nuestra sociedad. Tarde o temprano desencadenan efectos de todo tipo (si soy carpintero artesanal puedo desgastarme físicamente más que si uso herramientas industriales, si soy CEO de una fábrica textil internacional puedo liderar el abastecimiento de vestimenta a miles o millones de personas, pero también puedo deteriorar la calidad de vida de la mano de obra).
Consideramos entonces que todo anhelo del ser es valido, siempre y cuando es de naturaleza interior. Pero son los efectos del proceso de ser, los que no podemos evadir y nos llevan cuestionar lo que somos, o a reafirmarlo. Hitler estaba imbuido en su modo de existencia, de su ser y creencias, al igual que Gandhi o Jesús. Cada uno desencadenó una serie de eventos diferentes. Todos esos efectos sirvieron a para reconsiderar lo que se quería ser como humanidad. "Ser o no ser" bien escribió Shakespeare, como también se ha repetido o escrito en otras partes, es una forma muy estética y bella de entenderlo. Para resumir, la primera cuestión a saber es que nuestros deseos de ser son válidos, las consecuencias que se presenten vienen naturalmente dadas por lo que en un momento fuimos o somos y hablan de leyes naturales que rigen el universo.
Lo que nos deja con lo segundo a saber: el concepto de ser no es rígido y con frecuencia cambia. Puede que un día alguien piense ser el mejor chef de su país, pero luego considere que encuentra más felicidad en su ser administrando un restaurante local utilizando recetas propias. Ese conocimiento pudo estar afectado por muchos factores, pero lo central es que solo crecerá aquel deseo de ser que permanezca más tiempo, entonces crecerá con experiencias y mientras perdure interiorizado aumentará cada vez más. Este concepto es importante porque usualmente nos han podido tildar con ciertas cualidades fijas: eres flojo, un idiota, un depresivo, un torpe, inútil, cerrado, superficial, egoísta, etc.
Estas cualidades pueden cambiar viviendo un nuevo ser desde el conocimiento de lo nuevo que queremos experimentar viviendo. Con el paso del tiempo, crecerá una nueva cualidad, pues los resultados radican en el constante ejercicio del nuevo ser. Hemos visto casos de personas discapacitadas que están tan enfocadas en su visión de un ser totalmente capaz, que muchas veces resulta difícil creer que son discapacitados, porque viven plenamente en aquello que se plantearon ser. En resumen, como segundo podemos entender que el ser que se mantiene mucho tiempo con alguien y que sostiene un ritmo de crecimiento constante, es aquel que esa persona alimentó con experiencias y decidió mantener porque aún lo quiere experimentar así. Del mismo modo, si alguien decide experimentar una nueva cualidad, un nuevo ser (llámese carácter, trabajo, personalidad, ambiciones), puede generarlo buscando interiorizar ese nuevo ser. Pero si decide cambiarlo por otro, ya no experimentará el anterior.
A pesar de estos dilemas generales, se trata principalmente de generar mayor comprensión tuya con lo que quieres ser. Sin tomar una postura tajante sobre si es válido o no, pues si lo quieres es porque es lo mejor para tu vida en particular. Y las consecuencias de serlo tarde o temprano las comprenderás, pues obedecen a leyes impersonales del universo. Por tanto, no tengas miedo, si ves a quien quieres ser, interioriza ese ser hasta que lo materialices durante el tiempo que lo consideres, sino, puedes seguir cambiando los caminos hasta que encuentres aquel que te de las experiencias que necesites, hasta que termine para tí, entonces se repita el ciclo.
